ARGENTINA – LA CIUDAD DE AZUL SE LEVANTÓ CONTRA LA DECISIÓN DE MACRI DE CERRAR FANAZUL.

Posted by Nuestra publicación: on martes, enero 16, 2018
Argentina – La ciudad de Azul se levantó contra la decisión de Macri de cerrar Fanazul.

ARGENTINA – LA CIUDAD DE AZUL SE LEVANTÓ CONTRA LA DECISIÓN DE MACRI DE CERRAR FANAZUL.

La ciudad de Azul en la provincia de Buenos Aires se levantó contra la decisión de Macri de cerrar Fanazul.


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Se concentraron en el veredón municipal, lugar en donde están llevando adelante el acampe, y de ahí partieron hasta la puerta de fábrica.
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ROSA LUXEMBURG: EL ORDEN REINA EN BERLIN

Posted by Nuestra publicación: on martes, enero 16, 2018
Rosa Luxemburg: EL ORDEN REINA EN BERLIN



(14 de enero de 1919)


“El orden reina en Varsovia”, anunció el ministro Sebastiani a la Cámara de París en 1831 cuando, después de haber lanzado su terrible asalto sobre el barrio de Praga, la soldadesca de Paskievitch había entrado en la capital polaca para dar comienzo a su trabajo de verdugos contra los insurgentes.
“¡El orden reina en Berlín!”, proclama triunfante la prensa burguesa, proclaman Ebert y Noske, proclaman los oficiales de las “tropas victoriosas2 a las que la chusma pequeñoburguesa de Berlín acoge en las calles agitando sus pañuelos y lanzando sus ¡hurras! La gloria y el honor de las armas alemanas se han salvado ante la historia mundial. Los lamentables vencidos de Flandes y de las Ardenas han restablecido su renombre con una brillante victoria sobre…los 300 “espartaquistas” del Vorwärts. Las gestas del primer y glorioso avance de las tropas alemanas sobre Bélgica, las gestas del general von Emmich, el vencedor de Lieja, palidecen ante las hazañas de Reinhardt y Cía., en las calles de Berlín. Parlamentarios que habían acudido a negociar la rendición del Vorwärts asesinados, destrozados a golpes de culata por la soldadesca gubernamental hasta el punto de que sus cadáveres eran completamente irreconocibles, prisioneros colgados de la pared y asesinados de tal forma que tenían el cráneo roto y la masa cerebral esparcida: ¿quién piensa ya a la vista de estas gloriosas hazañas en las vergonzosas derrotas ante franceses, ingleses y americanos? “Espartaco” se llama el enemigo y Berlín el lugar donde nuestros oficiales entienden que han de vencer. Noske, el “obrero”, se llama el general que sabe organizar victorias allí donde Ludendorff ha fracasado.
¿Cómo no pensar aquí en la borrachera de victoria de la jauría que impuso el “orden” en París, en la bacanal de la burguesía sobre los cadáveres de los luchadores de la Comuna? ¡Esa misma burguesía que acaba de capitular vergonzosamente ante los prusianos y de abandonar la capital del país al enemigo exterior para poner pies en polvorosa como el último de los cobardes! Pero frente a los proletarios de París, hambrientos y mal armados, contra sus mujeres e hijos indefensos, ¡cómo volvía a florecer el coraje viril de los hijitos de la burguesía, de la “juventud dorada”, de los oficiales! ¡Cómo se desató la bravura de esos hijos de Marte humillados poco antes ante el enemigo exterior ahora que se trataba de ser bestialmente crueles con indefensos, con prisioneros, con caídos!
“¡El orden reina en Varsovia!”, “¡El orden reina en París!”, “¡El orden reina en Berlín!”, esto es lo que proclaman los guardianes del “orden” cada medio siglo de un centro a otro de la lucha histórico-mundial. Y esos eufóricos “vencedores” no se percatan de que un “orden” que periódicamente ha de ser mantenido con esas carnicerías sangrientas marcha ineluctablemente hacia su fin. ¿Qué ha sido esta última “Semana de Espartaco” en Berlín, qué hatraído consigo, qué enseñanzas nos aporta? Aun en medio de la lucha, en medio del clamor de victoria de la contrarrevolución han de hacer los proletarios revolucionarios el balance de lo acontecido, han de medir los acontecimientos y sus resultados según la gran medida de la historia. La revolución no tiene tiempo que perder, la revolución sigue avanzando hacia sus grandes metas aún por encima de las tumbas abiertas, por encima de las “victorias” y de las “derrotas”. La primera tarea de los combatientes por el socialismo internacional es seguir con lucidez sus líneas de fuerza, sus caminos.
¿Podía esperarse una victoria definitiva del proletariado revolucionario en el presente enfrentamiento, podía esperarse la caída de los Ebert-Scheidemann y la instauración de la dictadura socialista? Desde luego que no si se toman en consideración la totalidad de los elementos que deciden sobre la cuestión. La herida abierta de la causa revolucionaria en el momento actual, la inmadurez política de la masa de los soldados, que todavía se dejan manipular por sus oficiales con fines antipopulares y contrarrevolucionarios, es ya una prueba de que en el presente choque no era posible esperar una victoria duradera de la revolución. Por otra parte, esta inmadurez del elemento militar no es sino un síntoma de la inmadurez general de la revolución alemana.
El campo, que es de donde procede un gran porcentaje de la masa de soldados, sigue sin estar apenas tocado por la revolución. Berlín sigue estando hasta ahora prácticamente asilado del resto del país. Es cierto que en provincias los centros revolucionarios -Renania, la costa norte, Braunschweig, Sajonia, Württemberg- están con cuerpo y alma al lado de los proletarios de Berlín. Pero lo que sobre todo falta es coordinación en la marcha hacia adelante, la acción común directa que le daría una eficacia incomparablemente superior a la ofensiva y a la rapidez de movilización de la clase obrera berlinesa. Por otra parte, las luchas económicas, la verdadera fuerza volcánica que impulsa hacia adelante la lucha de clases revolucionaria, están todavía -lo que no deja de tener profundas relaciones con las insuficiencias políticas de la revolución apuntadas- en su estadio inicial.
De todo esto se desprende que en este momento era imposible pensar en una victoria duradera y definitiva. ¿Ha sido por ello un “error” la lucha de la última semana? Sí, si se hubiera tratado meramente de una “ofensiva ” intencionada, de lo que se llama un “putsch”. Sin embargo, ¿cuál fue el punto de partida de la última semana de lucha? Al igual que en todos los casos anteriores, al igual que el 6 de diciembre y el 24 de diciembre: ¡una brutal provocación del gobierno! Igual que el baño de sangre a que fueron sometidos manifestantes indefensos de la Chausseestrasse e igual que la carnicería de los marineros, en esta ocasión el asalto a la jefatura de policía de Berlín fue la causa de todos los acontecimientos posteriores. La revolución no opera como le viene en gana, no marcha en campo abierto, según un plan inteligentemente concebido por los “estrategas”. Sus enemigos también tienen la iniciativa, sí, y la emplean por regla general más que la misma revolución.
Ante el hecho de la descarada provocación por parte de los Ebert-Scheidemann, la clase obrera revolucionaria se vió obligada a recurrir a las armas. Para la revolución era una cuestión de honor dar inmediatamente la más enérgica respuesta al ataque, so pena de que la contrarrevolución se creciese con su nuevo paso adelante y de que las filas revolucionarias del proletariado y el crédito moral de la revolución alemana en la Internacional sufriesen grandes pérdidas.
Por lo demás, la inmediata resistencia que opusieron las masas berlinesas fue tan espontánea y llena de una energía tan evidente que la victoria moral estuvo desde el primer momento de parte de la “calle”.
Pero hay una ley vital interna de la revolución que dice que nunca hay que pararse, sumirse en la inacción, en la pasividad después de haber dado un primer paso adelante. La mejor defensa es el ataque. Esta regla elemental de toda lucha rige sobre todos los pasos de la revolución. Era evidente -y haberlo comprendido así testimonia el sano instinto, la fuerza interior siempre dispuesta del proletariado berlinés- que no podía darse por satisfecho con reponer a Eichhorn en su puesto. Espontáneamente se lanzó a la ocupación de otros centros de poder de la contrarrevolución: la prensa burguesa, las agencias oficiosas de prensa, el Vorwärts. Todas estas medidas surgieron entre las masas a partir del convencimiento de que la contrarrevolución, por su parte, no se iba a conformar con la derrota sufrida, sino que iba a buscar una prueba de fuerza general.
Aquí también nos encontramos ante una de las grandes leyes históricas de la revolución frente a la que se estrellan todas las habilidades y sabidurías de los pequeños “revolucionarios” al estilo de los del USP, que en cada lucha sólo se afanan en buscar una cosa, pretextos para la retirada. Una vez que el problema fundamental de una revolución ha sido planteado con total claridad -y ese problema es en esta revolución el derrocamiento del gobierno Ebert-Scheidemann, en tanto que primer obstáculo para la victoria del socialismo- entonces ese problema no deja de aparecer una y otra vez en toda su actualidad y con la fatalidad de una ley natural; todo episodio aislado de la lucha hace aparecer el problema con todas sus dimensiones por poco preparada que esté la revolución para darle solución, por poco madura que sea todavía la situación. “¡Abajo Ebert-Scheidemann!”, es la consigna que aparece inevitablemente a cada crisis revolucionaria en tanto que única fórmula que agota todos los conflictos parciales y que, por su lógica interna, se quiera o no, empuja todo episodio de lucha a su mas extremas consecuencias.
De esta contradicción entre el carácter extremo de las tareas a realizar y la inmadurez de las condiciones previas para su solución en la fase inicial del desarrollo revolucionario resulta que cada lucha se salda formalmente con una derrota. ¡Pero la revolución es la única forma de “guerra” -también es ésta una ley muy peculiar de ella- en la que la victoria final sólo puede ser preparada a través de una serie de “derrotas”!
¿Qué nos enseña toda la historia de las revoluciones modernas y del socialismo? La primera llamarada de la lucha de clases en Europa, el levantamiento de los tejedores de seda de Lyon en 1831, acabó con una severa derrota. El movimiento cartista en Inglaterra también acabó con una derrota. La insurrección del proletariado de París, en los días de junio de 1848, finalizó con una derrota asoladora. La Comuna de París se cerró con una terrible derrota. Todo el camino que conduce al socialismo -si se consideran las luchas revolucionarias- está sembrado de grandes derrotas.
Y, sin embargo, ¡ese mismo camino conduce, paso a paso, ineluctablemente, a la victoria final! ¡Dónde estaríamos nosotros hoy sin esas “derrotas”, de las que hemos sacado conocimiento, fuerza, idealismo! Hoy, que hemos llegado extraordinariamente cerca de la batalla final de la lucha de clases del proletariado, nos apoyamos directamente en esas derrotas y no podemos renunciar ni a una sola de ellas, todas forman parte de nuestra fuerza y nuestra claridad en cuanto a las metas a alcanzar.
Las luchas revolucionarias son justo lo opuesto a las luchas parlamentarias. En Alemania hemos tenido, a lo largo de cuatro decenios, sonoras “victorias” parlamentarias, íbamos precisamente de victoria en victoria. Y el resultado de todo ello fue, cuando llegó el día de la gran prueba histórica, cuando llegó el 4 de agosto de 1914, una aniquiladora derrota política y moral, un naufragio inaudito, una bancarrota sin precedentes. Las revoluciones, por el contrario, no nos han aportado hasta ahora sino graves derrotas, pero esas derrotas inevitables han ido acumulando una tras otra la necesaria garantía de que alcanzaremos la victoria final en el futuro.
¡Pero con una condición! Es necesario indagar en qué condiciones se han producido en cada caso las derrotas. La derrota, ¿ha sobrevenido porque la energía combativa de las masas se ha estrellado contra las barreras de unas condiciones históricas inmaduras o se ha debido a la tibieza, a la indecisión, a la debilidad interna que ha acabado paralizando la acción revolucionaria?
Ejemplos clásicos de ambas posibilidades son, respectivamente, la revolución de febrero en Francia y la revolución de marzo alemana. La heroica acción del proletariado de París en 1848 ha sido fuente viva de energía de clase para todo el proletariado internacional. por el contrario las miserias de la revolución de marzo en Alemania han entorpecido la marcha de todo el moderno desarrollo alemán igual que una bola de hierro atada a los pies. Han ejercido su influencia a lo largo de toda la particular historia de la Socialdemocracia oficial alemana llegando incluso a repercutir en los más recientes acontecimientos de la revolución alemana, incluso en la dramática crisis que acabamos de vivir.
¿Qué podemos decir de la derrota sufrida en esta llamada Semana de Espartaco a la luz de las cuestiones históricas aludidas más arriba? ¿Ha sido una derrota causada por el ímpetu de la energía revolucionaria chocando contra la inmadurez de la situación o se ha debido a las debilidades e indecisiones de nuestra acción?
¡Las dos cosas a la vez! El carácter doble de esta crisis, la contradicción entre la intervención ofensiva, llena de fuerza, decidida, de las masa berlinesas y la indecisión, las vacilaciones, la timidez de la dirección ha sido uno de los datos peculiares del más reciente episodio.
La dirección ha fracasado. Pero la dirección puede y debe ser creada de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de la revolución. Las masas han estado a la altura, ellas han hecho de esta “derrota” una pieza más de esa serie de derrotas históricas que constituyen el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y por eso, del tronco de esta “derrota” florecerá la victoria futura.
“¡El orden reina en Berlín!”, ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya “se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto” y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas:
¡Fui, soy y seré!
________________________________________________________________________Reproducido del Marxist Internet Archive (MIA). Escrito en alemán por Rosa Luxemburgo el 14 de enero de 1919, la víspera de ser asesinada por los soldados de la Caballería de la Guardia d el Gobierno del SPD. Editado digitalmente para la Red Vasca Roja, con cuyo permiso aparece aquí, por Justo de la Cueva en mayo de 1997. Formato recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo en octubre de 1999.

BAJO LA BANDERA DE LA REBELIÓN. ROSA LUXEMBURGO Y LA REVOLUCIÓN ALEMANA

Posted by Nuestra publicación: on martes, enero 16, 2018
Bajo la bandera de la rebelión. Rosa Luxemburgo y la revolución alemana


Hoy 15 de enero se cumplen 99 años del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht y este año 2018 se conmemora el centenario de la revolución alemana de 1918.  Desde Izquierda Revolucionaria rendiremos homenaje a estos acontecimientos con actos y publicaciones diversas.  Para comenzar publicamos la introducción del libro ‘Bajo la bandera de la rebelión. Rosa Luxemburgo y la revolución alemana’, un libro escrito por Juan Ignacio Ramos y que aborda en profundidad la vida de la revolucionaria polaca y el movimiento revolucionario alemán.
Para el conjunto de los activistas de izquierda de habla castellana, la revolución socialista alemana y la obra de Rosa Luxemburgo no son tan conocidas como la revolución rusa y las aportaciones políticas de Lenin y Trotsky. Hay una escasez de materiales al respecto, y muchos de los libros señeros sobre esta cuestión se agotaron y permanecen descatalogados desde hace mucho tiempo. Con la obra de Rosa Luxemburgo ocurre lo mismo. La Fundación Federico Engels está enmendando esta situación con la publicación de sus trabajos más destacados porque creemos que es de interés la edición de material sobre esta gran experiencia y sobre el pensamiento y la acción militante de la gran revolucionaria germano-polaca.
Es imposible desvincular los acontecimientos revolucionarios en la Alemania de 1818-1919 de las terribles consecuencias de la Primera Guerra Mundial, del colapso político de la socialdemocracia oficial en aquellos años y, por supuesto, de la llamada a la lucha que para las masas oprimidas de toda Europa supuso el triunfo bolchevique en octubre de 1917. La revolución que dio a luz el primer Estado obrero de la historia cautivó la imaginación de millones de soldados, trabajadores y campesinos que habían sufrido lo indecible en las trincheras, bajo la descarga de los bombardeos, y en la retaguardia, humillados por una horrible escasez, cuando no sometidos a la represión y a violentos pogromos.
A su vez, ningún acontecimiento de la lucha de clases mundial despertó más entusiasmo y cautivó con más fuerza a los obreros rusos que la revolución alemana de 1918-1919. La idea por la que habían peleado y realizado los mayores sacrificios se concretaba en el país clave del continente. Karl Rádek describió el impacto que las noticias de la insurrección de los marineros de Kiel causaron en Moscú: “Decenas de miles de obreros estallaron en vivas salvajes. Yo no había visto nada igual. Luego por la tarde, obreros y soldados rojos desfilaban aún. La revolución mundial había llegado. Nuestro aislamiento había terminado”.
Las fuerzas motrices de la revolución alemana comparten con la rusa un patrón común: la devastación de la guerra imperialista, con sus millones de muertos y decenas de miles de mutilados, y el estallido de indignación de una población que sostenía con su trabajo y su hambre la insolencia de una burguesía y una casta militar ávidas de conquistas imperiales. En el caso de Alemania, este panorama se vio agravado por la traición de la socialdemocracia, pasada abiertamente al campo del socialpatriotismo y la colaboración gubernamental. Paralizados temporalmente por la propaganda chovinista, los trabajadores alemanes aprendieron mucho en la escuela de la guerra imperialista.
El levantamiento de los marineros de Kiel fue la señal para propagar un movimiento revolucionario incendiario. Los obreros y los soldados insurrectos conquistaron ciudad tras ciudad, abrieron cárceles, liberaron a los prisioneros políticos, izaron la bandera roja en calles, fábricas y cuarteles, y formaron consejos de obreros y soldados. En sólo unos días, el imperio y su káiser fueron barridos de la escena, proclamándose la República. La fuerza de la clase trabajadora demostró ser mucho más potente para derrocar la monarquía alemana que los obuses enemigos.
En aquel mes de noviembre de 1918, en una secuencia similar a las jornadas de febrero de 1917 en Rusia, los trabajadores alemanes comenzaron a disputar a la burguesía el derecho a dirigir la sociedad. La clase obrera hizo todo lo posible, y mucho más, por cambiar el curso de la historia. Esa es la idea que también queremos subrayar en este trabajo.
Es verdad que el poder de los consejos de obreros y soldados alemanes, la República de los Consejos, no logró imponerse, a diferencia de lo ocurrido en la Rusia revolucionaria. Los factores que determinaron este desenlace son diversos, pero la traición abierta de los dirigentes del principal partido obrero, el SPD, y su coalición con el Estado Mayor y los capitalistas para sostener un sistema moribundo destaca con fuerza.
Ebert, Scheidemann, Noske, los jefes del SPD que apoyaron los créditos de guerra y la política del imperialismo alemán desde el 4 de agosto de 1914, que “detestaban la revolución como al pecado”, sellaron un pacto con los jefes militares, con los mismos que enviaron a la masacre a cientos de miles de soldados, con los criminales que más tarde se convertirían en la espina dorsal de las SA y las SS; al fin y al cabo, les movía el común objetivo de defender el orden capitalista de la amenaza revolucionaria.
La burguesía alemana había tomado buena nota de la revolución rusa y los éxitos de Lenin, Trotsky y los bolcheviques. Asimilando las lecciones de esos acontecimientos, no se dejaron intimidar y se concentraron en aplastar la revolución. Para lograrlo utilizaron dos caminos complementarios. Por un lado, pusieron todos los medios para sabotear el movimiento desde dentro, valiéndose del SPD y de la autoridad que todavía conservaba entre vastos sectores de las masas. El objetivo era claro: controlar los consejos de obreros y soldados, y someterlos en el tiempo más breve posible a la legalidad burguesa. Por otro, se pusieron manos a la obra para crear una fuerza armada de absoluta confianza que pudiese ser lanzada contra los obreros revolucionarios, sus organizaciones y sus dirigentes. La contrarrevolución no dejó de preparar sus grupos de choque desde el mismo 9 de noviembre de 1918 en que la República alemana fue proclamada.
Las fuerzas de la contrarrevolución —la dirección del SPD y los militares monárquicos—, apoyados y financiados generosamente por los grandes capitalistas, se enfrentaron a una resistencia feroz por parte de los obreros de Berlín y de sus organizaciones combatientes. De entre ellas destaca, por derecho propio, la Liga Espartaquista (la corriente marxista revolucionaria alemana), dirigida por Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches, que finalizando el mes de diciembre de 1918 se transformaría en el Partido Comunista de Alemania (KPD).
Enfrentados a un enemigo con medios muy considerables, la Liga Espartaquista trató de emular el ejemplo de los bolcheviques. Pero la heroicidad, el valor y el sacrificio en vidas humanas de los obreros comunistas de Berlín no fueron suficientes. En el transcurso de aquellos acontecimientos no lograron crear un partido marxista de masas, y la contrarrevolución aplastó la insurrección de enero de 1919 asesinando vilmente a sus dos dirigentes más carismáticos.
Una cosa está clara. Si la revolución socialista hubiese triunfado en Alemania, el destino de la humanidad podría haber sido muy diferente. La construcción del socialismo no habría tenido que vérselas sólo en un país atrasado sino también en una de las principales potencias industriales del continente y con el proletariado más fuerte y mejor organizado del mundo.
Nuestro afán en este trabajo ha sido establecer un hilo conductor entre el pensamiento de Rosa Luxemburgo y la revolución socialista. Sus aportaciones han trascendido el tiempo, y sus obras se han convertido en clásicos del marxismo. Basta señalar Reforma o revolución o Huelga de masas, partido y sindicatos, dos textos sobresalientes de la literatura socialista. Pero Rosa no sólo fue una teórica de la clase obrera que denunció con energía el reformismo y libró una batalla frontal contra la degeneración de la socialdemocracia alemana y la Segunda Internacional; fue sobre todo una revolucionaria entregada a la tarea práctica de la emancipación de los trabajadores.
En el trabajo también abordamos los reiterados intentos de manipular las ideas de Rosa Luxemburgo por parte de la socialdemocracia y los estalinistas. Los primeros, queriendo presentar la imagen de una Rosa Luxemburgo enfrentada al supuesto autoritarismo leninista, un intento patético para encubrir su postración ante la democracia burguesa con el legado de la revolucionaria polaca. Desde el campo estalinista, los esfuerzos por desacreditar a Rosa Luxemburgo también han sido permanentes, exagerando y descontextualizando las polémicas que mantuvo con Lenin y enterrando su figura bajo una montaña de acusaciones de derechismo, “espontaneísmo” y “trotskismo”.
En las siguientes páginas tratamos con estas manipulaciones aclarando que, a pesar de las controversias teóricas que mantuvieron, existe una genuina unidad de principios entre los pensamientos de Lenin y de Rosa Luxemburgo. Ambos mantuvieron una inequívoca postura contraria a la colaboración de clases y se manifestaron en todo momento como luchadores incansables contra el reformismo. Ambos, en definitiva, plantearon una estrategia a favor del derrocamiento revolucionario del capitalismo y en defensa de la transformación socialista de la sociedad.
Queremos advertir que constreñir la riqueza de las ideas de Rosa Luxemburgo en una síntesis, por extensa y amplia que esta sea, es una tarea harto difícil y no es nuestra intención. Nos conformamos con animar al estudio de su obra, sin prejuicios y sin ideas preconcebidas, siguiendo el espíritu de Rosa Luxemburgo, que jamás se avino a la rutina de aparato, al seguidismo burocrático, a la mutilación de la crítica.
El libro esta dividido en cuatro partes:
Los orígenes de la socialdemocracia alemana. Marx y Engels y el SPD
El pensamiento de Rosa Luxemburgo
Las controversias entre Rosa Luxemburgo y Lenin
Alemania en revolución. La lucha de los marxistas alemanes contra la capitulación del SPD. La formación del USPD. El impacto del triunfo bolchevique. La insurrección de los marineros de Kiel. La proclamación de la república en Berlín. El dobloe poder y los Consejos de Obreros y Soldados. Las maniobras de los social-patriotas contra la revolucion. La formación del Partido Comunista de Alemania. La insurrección de enero en Berlín. El terror blanco y el asesinato de Rosa Luxemburgo y Kart Liebknecht.
La edición cuenta además con un glosario de nombres propios y organizaciones, y un apéndice documental muy cuidado, en el que incluimos los siguientes textos:
1. La revolución permanente. Franz Mehring
2. Militarismo, guerra y clase obrera. Rosa Luxemburgo
3. El voto contra los créditos de guerra. Karl Liebknecht
4. El enemigo principal está en casa. Karl Liebknecht
5. Tesis sobre las tareas de la socialdemocracia internacional. Rosa Luxemburgo
6. ¿Qué quiere la Liga Espartaco? Rosa Luxemburgo
7. Nuestro programa y la situación política. Rosa Luxemburgo
8. El orden reina en Berlín. Rosa Luxemburgo
9. ¡A pesar de todo! Karl Liebknecht
10. ¡Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, asesinados! Partido Comunista de Alemania
11. Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. León Trotsky
12. En memoria de Karl Liebknecht. Karl Rádek
13. ¡Fuera las manos de Rosa Luxemburgo! León Trotsky
14. Luxemburgo y la Cuarta Internacional. León Trotsky
Bajo la bandera de la rebelión
Rosa Luxemburgo y la revolución alemana
Juan Ignacio Ramos
496 páginas-15 euros

CHILE – CUENTA POLÍTICA DE LUIS MESINA EN EL 3º CONGRESO DE NO + AFP

Posted by Nuestra publicación: on martes, enero 16, 2018
Chile – Cuenta Política de Luis Mesina en el 3º Congreso de NO + AFP



Estimados compañeros y compañeras:
Ha trascurrido un año y medio desde que saliéramos a las calles a gritar NO+AFP y a demandar la restitución de un derecho fundamental, como es la Seguridad Social expropiada por la tiranía en 1981.
Nos encontramos celebrando nuestro tercer Congreso Nacional a poco meses de que finalice su mandato el Gobierno de la presidenta Bachelet, gobierno  que prometió en su programa -presentado en octubre de 2013 previo a su elección-, efectuar transformaciones sustantivas  al sistema de “capitalización individual” en consideración al descontento de la ciudadanía por el monto de las pensiones. Cien días se requerirían para “revisar el sistema de pensiones”, “… para asegurar que podamos aspirar a una pensión digna y a una adecuada protección frente a la invalidez y la sobrevivencia”,  eran las palabras con las que la presidenta convocaba en abril de 2014 a la célebre  “Comisión Bravo”, que luego de 18 meses de trabajo concluyó con un informe lapidario: “…de no producirse cambios importantes en el sistema, las futuras pensiones en más de un 60% estarían bajo el ingreso mínimo y más del 40%, bajo la línea de pobreza”. 
Y como no hubo cambios, para el dolor de miles de compatriotas, estos vaticinios macabros se confirman: “el 50% de las personas que se jubilaron en el mes de noviembre pudieron autofinanciar una pensión de $44.106.- y para aquellos, que pudieron cotizar por más años, entre 30 y 35 años, obtuvieron una pensión menor a los 238 mil pesos, monto inferior al salario mínimo”[1].
Datos que se muestran irrefutables ante aquellos que se resisten a efectuar cambios estructurales.
Tratándose de un Congreso de una organización social, que se auto convoca y se autofinancia, donde sus delegados fruto de un proceso democrático sustentado en un  debate previo efectuado en pre congresos a los largo del país, parece necesario tener en cuenta y no perder de vista el carácter de nuestra organización y la pequeña historia que le acompaña en su desarrollo, de forma que el balance que debamos efectuar, tome en consideración todos los elementos internos de su estructura, así como los elementos externos que las circundan. Ello en función de corregir los aspectos deficitarios de la política o de profundizar aquellos que le han sido exitosos.
Breve reseña
En junio de 2013 dirigentes sindicales de Concepción, Rancagua y Santiago, pertenecientes al sector público y privado dieron nacimiento a la Coordinadora Nacional de Sindicatos de Trabajadores NO+AFP (CNT). Se cristalizaba así un esfuerzo que por años, diferentes sindicatos venían desarrollando desde la crisis “suprime” de 2008, crisis que provocó la pérdida de más de un tercio del ahorro previsional a todos los trabajadores del país.  Durante un año, se desplegaron ingentes esfuerzos humanos y económicos para amplificar la incipiente organización del mundo sindical a otros sectores de la sociedad. En un primera etapa, la mayor parte del  esfuerzo se concentró en denunciar el deterioro de las pensiones; en develar el trasfondo del sistema de capitalización y, por sobre todo, revelar el espurio negocio desarrollado con el ahorro previsional de los trabajadores para financiar las operaciones de expansión del capital nacional e internacional.
Nuestra propaganda en la primera etapa, encontraba siempre una adhesión significativa de la población. La comprensión del alambicado sistema chileno de ahorro forzoso, resultaba simple de comprender para millones de chilenos que solo al comparar su ahorro personal y las perspectivas futuras de sus pensiones, comprendían inmediatamente que éramos prisioneros de un sistema de expoliación nunca antes visto en el país.
En mayo de 2014 con la participación de trabajadores de diferentes ciudades del país, pegábamos un salto en ejercicio democrático, efectuábamos nuestro Primer Congreso Nacional en la ciudad de Valdivia. En la ocasión, establecimos los criterios fundantes de lo que sería nuestra coordinadora, sus principios, su funcionamiento, sus vocerías y, lo más importante, comprometimos nuestro esfuerzo para avanzar en la elaboración de una propuesta que surgiera desde el mundo del trabajo y que confrontará el sistema de capitalización individual con uno de los principios esenciales  de la Seguridad Social, cual es la solidaridad.
A raíz de esos criterios generales, se conformó el primer equipo técnico con voluntarios de Rancagua, Concepción y Santiago, quienes se dieron a la tarea de estudiar alternativas y echar las primeras bases, de lo que finalmente sería la propuesta de la coordinadora nacional de trabajadores NO+AFP.
Tratándose de un movimiento cuya composición estaría determinada por la libre decisión de adherir de cada organización sindical, establecimos como principio rector, so pena de quedar marginado de esta instancia, defender y mantener en lo alto la “independencia” y “autonomía política y económica” como pilares fundantes y determinantes de esta Coordinadora, cuyos objetivos estarían determinados desde su nacimiento, por restituir la Seguridad Social como un derecho inalienable.
Desde los primeros años, establecimos el carácter transversal de nuestro  movimiento. Entendíamos que la Seguridad Social, en tanto reivindicación del mundo del trabajo se confronta para su consecución con el mundo empresarial. De allí, que desde un comienzo admitiéramos que quienes adherían a este movimiento, comprendían y compartían  que la batalla en la que fijaba su eje estratégico la Coordinadora, requería del máximo de voluntades para alcanzar dicho objetivo. Reconocíamos, como el propio Piñera lo señalara: que ésta disputa era la “Madre de todas las batallas”[2].  Era y es, la Madre de todas las Batallas, en tanto el ahorro previsional, que aumenta sostenidamente año tras año y que hoy supera los 210 mil millones de dólares, es la base esencial en la que se ha sustentado el modelo económico chileno. Lo que José Piñera es a la previsión y al Plan Laboral, Jaime Guzmán lo es a la Constitución Política, vale decir, ambas instituciones fueron creadas bajo la tiranía para garantizar y perpetuar el dominio de un sector social contra otro, solo puede entenderse en que una es, y ha sido funcional para garantizar la existencia de la otra.
El conformar una Coordinadora de Trabajadores NO+AFP a nivel nacional era y fue un episodio importante, en especial porque el mundo de los trabajadores ha padecido de una orfandad extrema en estos últimos 45 años; con  un sindicalismo que ha perdido absolutamente la brújula y su independencia, careciendo, además, de una dirección nacional con estatura, capaz de enfrentar el modelo y el sistema político, social y económico que se ha desatado contra el movimiento social en esta última mitad del siglo. Por ello, la fundación de la CNT NO+AFP,  parecía una epopeya. Imaginarse conformar una organización de carácter nacional con apoyo territorial, cuyo único norte fuera acabar con la matriz ideológica que le da sustento al modelo político y económico chileno era, en sí, toda una hazaña.
Durante el primer periodo concentramos nuestros esfuerzos en organizar las coordinadoras en las diferentes regiones del país, difundimos en diferentes espacios públicos la necesidad de restituir la Seguridad Social y definimos los días 10 de cada mes, como fecha de agitación y propaganda de nuestra CNT.  En el norte grande, Arica y Antofagasta, se desplegaban esfuerzo por organizarse tras la demanda que comenzaba a tomar forma, surgía así una forma concreta de coordinarnos a nivel de prácticamente todo el territorio. Se incorporaban importantes gremios vinculados a la metalurgia, salud y comercio, con lo que la CNT adquiría un mayor tonelaje para dar un salto, ya no solo en propaganda, sino que comenzar a pensar formas superiores de organización y de lucha. Expandimos nuestros lazos de fraternidad con organizaciones sociales, con los estudiantes y pobladores, intentando constituir un polo social dirigido por los trabajadores, que reivindicara ciertos derechos como fundamentales, así,  enfatizamos en la demanda estudiantil y nos hicimos parte de la demanda por el derecho a la “educación gratuita y de calidad” traducida en la defensa de la Educación Pública. Ese fue, es, y ha sido, nuestro hilo rector para desarrollar nuestra estrategia y para sumar nuevos esfuerzos a esta lucha que calificamos como estructural e histórica.
Segundo Congreso 28 de abril de 2016
Nuestro segundo Congreso Nacional lo efectuamos en Santiago el 28 de abril de 2016, habíamos crecido en cantidad y calidad. La expresión de ese crecimiento lo reflejó el primer llamado a protesta nacional que efectuáramos  el 10 de diciembre de 2015. Movilización que por primera vez logró convocar a comunas de distintas regiones del país durante el día y que en algunas localidades se manifestó por la noche en plazas públicas a través de caceroleos. Y aunque esta movilización solo logró movilizaciones en Valdivia, Concepción, Santiago, Rancagua, Valparaíso, Arica y Antofagasta no alcanzando el carácter nacional, anunciaba el preludio de lo que serían las grandes movilizaciones en los siguientes meses del año que se avecinaba.
En el segundo congreso,  logramos consensuar importantes acuerdos, había que superar la sola estrategia de difusión y propaganda para dar paso a formas de organización superior y, también, a formas superiores de movilización. En ese sentido, se concibieron las primeras ideas de cómo organizarnos. Los atisbos  de lo que podría ser una organización de carácter territorial cobraba sentido, en especial, cuando los sindicatos que han liderado la lucha contra las AFP, son representativos de no más del 10% de la fuerza de trabajo y muchos trabajadores, por la actual normativa, creada justamente para impedir el ejercicio de sus derechos, tanto jurídicos como políticos, encuentran demasiados obstáculos para la organización tradicional del sindicato.              Se precisaba entonces,  vincular esa debilidad estructural de la organización sindical -consecuencia del golpe de Estado de 1973-, con el espacio que los mismos trabajadores desestructurados pueden desarrollar en su territorio, en su comuna.
Así,  surgió la idea de extender la organización hacia estructuras tradicionales de la sociedad civil, juntas de vecinos, organizaciones juveniles, etc., que de paso hay que decirlo, también han sido víctimas del proceso estratégico del sistema por diezmar todo lo que huela a organización social.
Fijábamos la fecha para convocar a un paro nacional para el 4 de noviembre. Suponía ello doblegar los esfuerzos para organizar una tarea tan compleja y difícil, en especial, cuando el terror empresarial contra el empleo se utiliza permanentemente como herramienta de inhibición para el ejercicio de derechos de los trabajadores. El esfuerzo que se requería, al mismo tiempo aceleraba la necesidad de constituir organización territorial, que concretamente se expresa en la organización comunal, precaria por cierto.
Ese salto en organización fue alimentado por las grandes movilizaciones desarrolladas durante el segundo semestre del 2016 y fueron, en definitiva el ingrediente perfecto para que la paralización del 4 de noviembre, que si bien no logra paralizar completamente el aparato productivo del país, generó por su impacto, una convulsión importante en el país.
24 de julio de 2016
El 24 de julio de 2016 quedará grabado como el domingo en que Chile despertó a lo largo del territorio para expresar su repudio al sistema de AFP. Y marca el despertar de nuestro pueblo, fueron millones que se decidieron romper el inmovilismo desarrollando movilizaciones sólo comparables con las del  movimiento estudiantil de 1996 y del 2011.
La gran marcha de julio de 2016, replicada en todo el país cuando solo contábamos con una incipiente organización comunal, fue el ensayo de lo que sería el salto en organización y participación en los meses sucesivos. No debemos perder de vista, que una característica distintiva de este movimiento ha sido y es, la absoluta independencia de los partidos políticos, lo cual le otorga a la convocatoria, a la organización y a la movilización un valor significativo, que además, rompe con las formas tradicionales de organización que el movimiento social por décadas desarrolló en nuestro país. Nuestra lucha no es apolítica, así como nuestra CNT no es enemiga de las organizaciones partidarias, lo que defendemos y a lo que nos oponemos, es a la instrumentalización y oportunismo de algunos.
Muchos creyeron que nuestro movimiento al poco andar,  se eclipsaría o sería presa fácil de la cooptación por organismos externos a la CNT. Incluso, al interior de nuestra propia organización, surgieron fundadas dudas respecto de lo que sería el rumbo de la organización, en especial, a medida que se aproximaba un año electoral.  No ha sido así, seguimos en pie masivamente en todo el país. Multitudinarias marchas, paralización, protestas, jornada de difusión y un plebiscito son las tareas realizadas desde nuestro segundo congreso a la fecha, y es eso lo que debemos, con el máximo de rigor someter a balance.
Los sondeos de opinión dicen que somos la institución que recoge los niveles de confianza más altos de la gente. Hemos mostrado consecuencia, capacidad técnica y honestidad, y eso nuestro pueblo lo valora. Por el contrario, las AFP aparecen entre las instituciones más desprestigiadas del país.
Luego de un intenso esfuerzo y con la concurrencia de varios profesionales y sindicalistas logramos arribar a lo que es la propuesta de Sistema de Reparto con Fondo de Reservas Técnicas que nuestra CNT diera a conocer en un acto público en la casa Central de la Universidad de Chile en noviembre de 2016, propuesta que en más de un año de ser sometida a diversas contrastaciones ha demostrado tener la suficiente solidez técnica, política y económica que la ha hecho invulnerable a las críticas de nuestros enemigos y, por el contrario, se ha convertido en la herramienta más eficaz para salir a combatir a los agoreros del modelo que sin argumentos y prisioneros del dogma monetarista defienden este sistema.
Son millones de pesos, sino de dólares los que se gastan diariamente para mantener la campaña de descredito contra nuestro movimiento por parte de las AFP. No hay programa en la televisión abierta que no cuente con avisajes de parte de ellas. Son las caras visibles de la TV, sus rostros más emblemáticos y caros los que se suman a la campaña de desinformación y manipulación de la información.
Lo anterior es señal de que avanzamos, nuestras campañas han logrado impactar severamente a los dueños del país. Han cerrado filas todos los sectores empresariales, que se resisten a imaginar  un país, una economía sin un “mercado de capitales” cuyos recursos los dispongamos nosotros y  que pudiese dejar de ser la base en la que financian sus operaciones de expansión y de acumulación. De allí la magnitud e importancia de nuestra batalla. Quizá para muchos, cueste dimensionar el impacto que tiene para nuestro país y para la política la lucha que hemos dado.
Nuestras campañas, especialmente la de abandonar las AFP Provida y Cuprum han impactado generándoles daño, al punto que luego de ser la primera y más grande, AFP Provida hubo de ceder ese lugar a otra AFP como consecuencia de la fuga masiva -aún insuficiente-, de afiliados siguiendo el llamado de la CNT y que ha provocado grandes dificultades que podemos agudizar si somos capaces de continuar con ciertas campañas.
Nuestra campaña de refugiarse en el Fondo E  tuvo un impacto significativo, especialmente para los parásitos Fondos de Inversión.  Fueron cientos de miles los que en una primera fase asumieron el llamado. Sin embargo, como parte de la campaña de las AFP no logramos mantenerla lo que disminuyó el impacto inicial. Cuando en 2008 lanzamos esta ofensiva, lo hacíamos convencidos de que era la mejor forma de protegerse ante la volatilidad del mercado bursátil.  Además,  el solo argumento de la rentabilidad nunca ha sido suficiente para aceptarlo como legitimo en un sistema previsional.  Nuestros objetivos transitan en direcciones opuestas a quienes pretenden defender el sistema argumentando que una parte del ahorro está determinada por la rentabilidad que han obtenido las AFP. Si se desentrañara completamente el alambicado sistema, descubriríamos que una parte importante de nuestro ahorro, ha sido confiscado de manera fraudulenta a través de las comisiones de intermediación –conocidas por nuestras denuncias como comisiones fantasmas-, y,  que de paso, financian a una industria parasitaria como son los “fondos de inversión” en claro detrimento de los trabajadores.
De hecho, un dato no menor, si se observa el comportamiento de los multifondos en los últimos diez años, se apreciará que la diferencia en rentabilidad entre uno y otro es prácticamente marginal, importando poco el Fondo en el cual estar. Lo que sí parece necesario tener presente, es que si hubiésemos logrado trasladar un porcentaje mayor de los que logramos traspasar el segundo semestre del año 2016 quizá habríamos generado lo que en un momento denominamos, colapsar el sistema. Lo que queda absolutamente claro, es que no será con mayor rentabilidad que las pensiones de millones de compatriotas mejorarán. Solo será posible acabando  con las AFP y pasar a un sistema de Seguridad Social.
El Plebiscito
Cuando discutíamos a principios de 2017 sobre el qué hacer, lo hacíamos  teniendo presente que ese año estaría marcado por la lucha electoral, la cual siempre genera tensiones, disputas y controversias en los movimientos sociales. Asumíamos, que una parte importante de la población y los trabajadores tienen ilusiones democráticas, que se traducen en confiar que mediante el voto se producen los cambios importantes de sus demandas. Esa postura, absolutamente legitima, se contrapone a quienes creen que la lucha electoral no tiene sentido en un Estado absolutamente configurado para negar derechos. Es evidente que al movimiento social y por cierto a esta coordinadora, no le corresponde zanjar una polémica que trasciende a nuestra propia capacidad y, que además, es objeto de debates desde hace muchos años en el acontecer político. Mantener la unidad de nuestro movimiento exige y exigirá no imponer posturas al margen de nuestra demanda. Lo que nos une es la lucha por Seguridad Social.
Pues bien, decidimos luego de muchos debates llevar adelante una tarea gigantesca: realizar un plebiscito autoconvocado, que tendría como fin legitimar nuestra propuesta y demanda y, por otro lado, desarrollar mayor capacidad orgánica para hacer frente al tremendo desafío que se traduciría en que al final de ese proceso nos quedaríamos con un importante activo de colaboradores para pasar a una nueva fase de desarrollo, superior y planteándonos mayores desafíos.  Ese objetivo se cumplió plenamente. Logramos hacer partícipes a más de un millón de personas y, lo más importante, contamos con más de nueve mil colaboradores que son la base orgánica fundamental para cualquier iniciativa que nos propongamos llevar adelante. No existe en el país una organización política capaz de llevar adelante una tarea de la envergadura de la que nuestra Coordinadora desarrolló y por la cual todos debemos sentirnos orgullosos,  pues fue gracias a todos y cada de nosotros, la concreción de este acto participativo.
Aunque con el Plebiscito nos propusimos tensionar la institucionalidad, poner en juego el poder, o dicho de otro modo, validar la legitimidad de nuestros actos y reconocer a quien o quienes deben y pueden dirigir el Estado, la verdad que el Poder, el establishment comprendió nuestra estrategia y optó por el silencio; por no hablar del tema; era peligroso hacerlo. Depende ahora de nosotros, retomar ese despliegue efectuado por nuestra organización para llevarla a dimensiones superiores que permitan este año redoblar en cantidad y calidad las movilizaciones de la CNT.
Por tanto, debemos tener presente que en marzo se abren mayores y más complejos desafíos. La batalla que emprendiéramos hace años no ha terminado. Debemos enfrentar mayores dificultades  de un poder que sin duda se pertrechara para seguir desoyendo la voz del pueblo.
Nadie dijo que esta batalla sería fácil.
Seguirán cerrando filas para arremeter sin argumentos, solo con la mentira y la manipulación atacarán los sistemas de reparto. En eso, han sido coherentes,  defienden el “individualismo” por sobre la solidaridad, pues saben que lo único que da identidad y sentido al pueblo trabajador es sentirse protagonista de su presente y futuro. Por tanto, está en pugna como nunca, esta visión irreconciliable de aquellos que sustentan la política del “ráscate por tus propias uñas”, con aquellos que seguimos creyendo en la solidaridad. Ese enfrentamiento conceptual es al mismo tiempo, una disputa material, práctica y concreta.
Nuestra lucha por restablecer un derecho fundamental como la Seguridad Social y rechazar el discurso predominante de quienes se han hecho del poder en estos años, es y será determinante en los próximos meses.
Es y será la disputa que deberemos librar este año, así de simple: o se restituye para los chilenos un sistema que garantice derechos esenciales que ya habíamos logrado en las décadas pasadas, y que fueron expropiadas por la fuerza bajo la tiranía y consolidadas por los gobiernos seudo democráticos al servicio del gran capital en estos últimos años, o, desarrollamos a partir de esta convicción,  un plan  de concientización, de organización y de lucha, que haga posible acabar con este sistema impuesto.
Estamos frente a un Estado corrupto. Prácticamente no existe institución que no haya sido contaminada por conductas espurias. Mientras observamos diariamente actos de corrupción, las mayorías, los que viven de un salario precario, con una pensión indigna, los que no tienen empleo y deben sobrevivir en condiciones inhumanas, quedamos indefensos ante un sistema construido y perfeccionado en 45 años para servir los intereses de las minorías.
Agrava esta situación, pues el empleo informal aumenta y no contamos con Seguridad Social.
Otra ironía más de este sistema
La guerra está planteada, ellos la declararon. Un estado que niega a su pueblo derechos esenciales, abre el legítimo derecho para que éste tome en sus manos el camino que considere más justo, más adecuado y más posible para impedir la continuación de esta ofensiva contra una mayoría que pide, que exige respeto a cuestiones básicas que ya como sociedad habíamos logrado en décadas anteriores.
En este contexto, de lucha y no de pasividad, celebramos este tercer Congreso, con la convicción más profunda que nunca, que no será de los gobiernos de turno desde donde provendrán los cambios. Éstos deben ser consecuencia de la lucha de los trabajadores. La Seguridad Social fue consecuencia de desafíos, de movilizaciones, de peligros que el poder sentía ante la amenaza del movimiento obrero europeo y  termino cediendo, no como dadiva, sino que como respuesta al peligro de que los trabajadores comprendieran que en su lucha podían arrancar mucho más.
Eso es lo que está en juego, la capacidad de multiplicar nuestras luchas. Sepan ustedes que en este Tercer Congreso tenemos más de 135 delegados acreditados. Que para llevar adelante este evento, tuvimos que realizar muchos pre congresos en todo el país, desde Arica a Magallanes, lo que implicó involucrar a más de mil personas que son quienes conforman el activo de nuestra organización y que dan absoluta legitimidad a quienes se encuentran representándolos en este importante acontecimiento,  pero nos exigen al mismo tiempo, tener la inteligencia, la capacidad de responder con un plan eficaz y eficiente, que permita que este año lo enfrentemos con mayor capacidad organizativa, con mayor unidad y, por sobre todo, con mayor capacidad y compromiso de lucha de todos quienes estamos presente en este magno evento.
Los invito a que se sientan parte de esta historia. No de aquella construida por El Mercurio, no esa historia construida solo por los historiadores.  Seamos protagonistas de esta historia, de sus cambios, de sus transformaciones; para que mañana, el testimonio que entreguemos a las futuras generaciones, sea absolutamente legítimo pues será de aquellos que lucharon para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Ese es el desafío.   Chile ya despertó y no podrán detenernos.
Luis Mesina M.
Vocero de la Coordinadora Nacional NO+AFP
Secretario General de la Confederación Bancaria

Copiapó, 13 enero 2018

[1] Fundación Sol
[2] El Cascabel al gato” José Piñera Echeñique

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